jueves, mayo 12, 2005

Diario Ahora

Hace poco me comentaban la creación de un nuevo diario gratuíto: Ahora. Acabo de leer por primera vez una columna de opinión suya, como que me gusta ¿verdad?:
Me adhiero a las celebraciones del 60 aniversario de la liberación de Europa de la tiranía nazi. Lamento con profundo dolor que el precio de esa libertad fuera dejar a media Europa bajo la opresión del totalitarismo de la izquierda comunista. Se terminó con unos campos de concentración, pero se consolidaron la opresión y los gulag.

Lo que para todos es hoy, sin duda, una histórica acción de liberalización, se transforma si ocurre en Irak en una asquerosa acción de ocupación del ejército de EE.UU. Perplejos tienen que estar los USA al ver tanto agradecimiento de quienes hoy les acusan de ser un repugnante ejército invasor de ocupación.

Hace 60 años los EE.UU. tenían menos legitimidad para intervenir en Europa que la que hoy tienen para intervenir en Irak. Hoy lo “progre” es tildar de invasor a los EE.UU. y a los más de 40 países que les acompañan en el esfuerzo de instaurar, como ya han hecho, la democracia en Irak. Hace sesenta años ante el holocausto todo era poco. Hoy, ante un Sadam que aplicaba a los kurdos los mismos métodos que Hitler, todo es demasiado.

Leed el resto, no tiene desperdicio.

4 Comments:

Anonymous Víctor said...

Estoy totalmente de acuerdo con la opinión del articulista. lástima que exista cierto revanchismo (no muy comprensible) en las líneas, pero bueno, en el fondo y casi, casi en la forma estoy totalmente de acuerdo. Un abrazo Leeuw, te voy a poner aquí dos artículos de Victoria Prego y de Raúl del Pozo sobre el debate del Estado de la Nación, vale?

11:35 a. m.  
Anonymous Victoria Prego said...

Y, sin embargo, si todo va bien, al final no van a tener más remedio que entenderse. Pero lo que vimos ayer en el Congreso fue el enganche político más áspero y más hondo de los últimos años, incluida la anterior legislatura, entre los dos grandes partidos nacionales. Todo a cuenta de cómo está abordando el Gobierno la parte política, que no la policial, de la lucha contra ETA y, en menor medida ayer tarde pero con la misma intensidad en el desencuentro, de la manera en que nos estamos enfangando en el rediseño de España. Las demás cuestiones, fueron las obligadas por el guión, con la especial relevancia del plan Galicia, porque no en vano las elecciones gallegas se acercan y a los dos partidos les conviene ya ir lanzando los mensajes que agrupen sus votos.


La cuestión, gravísima para todos nosotros, es que Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero han dejado de confiar el uno en el otro. Ayer supimos que su antigua lealtad recíproca ha desaparecido y que ahora ambos desconfían profundamente de la auténtica voluntad de traición al país que pueda cada uno esconder entre sus reiteradas palabras de amor a España. Eso se comprobó en cuanto el líder de la oposición subió a la tribuna.

Traía Rajoy dos propósitos. El primero, alertar al país sobre algo que ningún ciudadano acepta jamás de sus gobernantes: el engaño taimado. Eso fue lo que buscó deliberadamente denunciar ante la opinión pública a propósito de los movimientos desconocidos que el Gobierno está realizando en torno a Batasuna con vistas a acabar con ETA.

La formulación de esa gravísima sospecha equivale a descalificar al presidente Zapatero no sólo por el procedimiento empleado sino sobre la auténtica limpieza de sus intenciones.Con una intervención extraordinariamente dura, Mariano Rajoy se desmarcó rotundamente de lo que pueda suceder de ahora en adelante y dejó claro que el seguimiento por parte de su partido a la actuación del Gobierno va a consistir en algo parecido a la vigilancia de un sabueso desconfiado y contumaz sobre las andanzas de un presunto delincuente.

La respuesta de Zapatero, que había iniciado la sesión con un discurso complaciente sobre lo realizado por su Gobierno y ácidamente crítico sobre la gestión del gobierno anterior, fue en su contenido tan amarga, tan desconfiada y tan descalificatoria como la de Rajoy, aunque sustentada en palabras con menos aristas.

El segundo propósito de Rajoy, que fue secundado en términos idénticos por el presidente, fue el de intentar desmontar la imagen de moderación del líder socialista y denunciar su radicalidad y su sectarismo disfrazado de sonrisa. Exactamente lo mismo hizo Zapatero intentando empujar a su adversario hacia la zona oscura de la derecha franquista, ésa de la que el PP nunca podía salir indemne ante unas urnas.

Ambos saben bien que los ciudadanos premian la moderación y castigan el radicalismo, y éste va a ser el tercer pulso brutal que los dos grandes partidos van a mantener hasta el final de una legislatura que ayer quedó sentenciada como mucho más bronca y, sobre todo, mucho más peligrosa, de lo que estaba previsto y de lo que es conveniente. Y, sin embargo, si todo va bien, al final no tendrán más remedio que entenderse

11:36 a. m.  
Anonymous Raul del Pozo said...

Mariano Rajoy llamó ayer a José Luis Rodríguez "radical" y le acusó de "traicionar a los muertos". José Luis Rodríguez Zapatero empujó a Mariano Rajoy a la sombra del caballo de Franco y lo metió en la jauría humana que no entiende los derechos de los homosexuales.


La derecha española perdió ayer el match, el derby de primavera.Zapatero, que llegó arcángel, es ya un matachín parlamentario. Si los asesores de Mariano Rajoy no fueran tan lilas le deberían haber aconsejado a su jefe que no llamara "radical" a José Luis Rodríguez Zapatero porque ése es un insulto de canónigo de Santiago o de registrador de la propiedad del casino de Pontevedra.

Radical es ir a las raíces, ser avanzado, progresista, analizar los asuntos con lucidez; también radical significa exaltado, intransigente, intolerante, y en ese sentido lo dijo Mariano Rajoy, pero resulta muy cursi que la derecha española llame a un político radical como si le llamara Barrabás.

Si el estado mayor de Mariano Rajoy no se hubiera quedado ensimismado como una salamandra en las llamas de Atocha, le deberían haber dicho a su líder que decir "traicionar a los muertos", en el país de las guerras civiles, de los paseos, de los tiros en la nuca, iba a sonar en la Cámara como un azadón sobre una sepultura. Y así sonó.

Ayer, el Congreso recuperó el cuerpo a cuerpo, el mano a mano; el patio parecía el desolladero. Era la primera de San Isidro, en el sentido que le daba Galdós cuando decía que cuánto perdería Madrid sin las grandes corridas y las tardes resplandecientes de las Cortes. La tarde tenía emoción, cierto aire constituyente, rumores de paz con ETA y las trompetas de la desvertebración de España. No pasó nada, nadie llegó tarde a cenar mientras desalojaban la Casa Blanca.

"Si la derecha vuelve al havha de sílex va a haber Zapatero para rato"
Zapatero estaba tan tranquilo como si hubiera tomado un cóctel de orfidales; él podía empatar, e incluso perder. El que lo tenía crudo era Rajoy; debía ganar el debate, pero un debate no se gana por huevos y por insultos; así Fraga jamás rompió el techo. Llamó al presidente del Gobierno ridículo, chisgarabís, frívolo, cantonalista; le acusó de carecer de planes, de experiencia, de ser apenas un conjunto de frases, de presidir un Gobierno débil, sectario, que provoca turbulencias y huye de la moderación para ocultar la pobreza de las ideas. Y, por último, le acusó de traidor.

¿Es ése el lenguaje de los grandes líderes de la nación? Mariano Rajoy anunció sellos, trompetas, plagas, el sol como un saco de cilicios y la luna como de sangre. José Luis Rodríguez Zapatero resumió así la catilinaria: "Viene a anunciar el Apocalipsis". Pero no hubo nada; en la calle los guiris retrataban a los leones y los novios se besaban en la boca.

Estaban el padre y el hermano del presidente junto a Sonsoles, la esposa. La sagrada familia se tapaba la cara con las manos oyendo a Rajoy soltar imprecaciones.

Por la mañana, Zapatero hizo el discurso de la autocomplacencia; no necesita a su abuelo el masón para cantar sus hazañas. Anunció que el fin de la violencia no tiene precio político, pero la política puede contribuir al fin de la violencia. "Trabajaré sin descanso con todo mi Gobierno por alcanzar el fin de la violencia y tengo la plena convicción de que los españoles apoyarán nuestro esfuerzo. Si se diera el caso, me comprometo a acudir ante esta Cámara para explicar los pasos a dar y para solicitar el respaldo de todos los grupos políticos al logro de la gran aspiración de poner fin al terrorismo en España".

Lo que teme la derecha no es tanto que traicionen a los muertos, sino que el Gobierno de los "radicales" sea capaz de hacer lo de Tony Blair. Javier Arenas me comentó que él sólo había oído un mitin por el que se deduce que Zapatero ha renunciado a derrotar a ETA. Cañete resumió el discurso de Zapatero como de un triunfalismo salvaje, sin autocrítica alguna. Los del PSOE sacaban pecho: "Cuando Aznar negoció con ETA llamó a los partidos y a los directores de los periódicos, pero no vino a contarlo al Parlamento".

Por la mañana, la gente de Rajoy anunciaba que sería mejor que Zapatero llegara con paraguas por la tarde, porque le iba a caer una granizada encima. A esa hora, Zapatero mandó a su padre, a su hermano y a su mujer a comer, y él se quedó solo con un bistec, una macedonia de frutas y una cocacola en su despacho del Congreso releyendo un dossier de 80 páginas sobre las negociaciones de Aznar con ETA.

Mariano Rajoy, en un discurso extraño y trascendental, como si la voz saliera de un lúgubre agujero, recitó versículos del Apocalipsis de la derecha: «Es usted quien se ha propuesto traicionar a los muertos», ha permitido que ETA recupere sus posiciones, ha dejado que los representantes de ETA ocupen escaños, negocia el futuro de España con los que la rompen, va a pagar un precio por la paz. "Con uno de nosotros que pierda la cabeza, ya es bastante, señoría. Se ha empeñado en ponerlo todo patas arriba: la Constitución, los estatutos, la financiación de las comunidades autónomas o nuestra propia Historia".

Mariano Rajoy se la jugaba ayer y se jugará en Galicia la cabeza.Un debate de la Nación devoró a Antonio Hernández Mancha y a Josep Borrell. Los Debates de la Nación siempre marcan, pero el análisis objetivo cartesiano es el marxismo de la burguesía; Rajoy es demasiado fino para desenterrar el fraguismo de sofá.Si el Gobierno es débil, está prisionero y va a ser responsable de la ruptura de la Historia de España, si utiliza titulares, palabras, palabras, palabras, golpes de efecto, si carece de ideas, y nadie sabe adónde nos va a llevar, sin saber adónde nos quiere llevar, no se puede llegar a la Cámara en plan San Malaquías, porque enseguida Zapatero le recordó que también ellos hablaron entre hachas y serpientes.

Si la derecha vuelve al hacha de sílex va a haber Zapatero para rato, porque a las chulerías de patriotismo el presidente les dijo que el mejor patriota es el que menos presume de español."Aman mucho a España pero nada a los españoles". Hubo mucho cachondeo cuando dijo que han acabado con la televisión de partidos. Pero no hizo un discurso de contable, sino un discurso de izquierdas, que alguien calificó de discurso ONG. "España crece más y mejor".

A pesar de las profecías de Mariano Rajoy, no sobrevino el Apocalipsis ni se oyeron trotar los caballos, ni se detuvieron los vientos.Un veterano del PSOE me dijo: "Rajoy no sale de boxes. No tiene las ruedas ni el motor adecuados. Esperábamos que saliera al circuito y corriera, pero se ha quedado en boxes".

11:37 a. m.  
Blogger Leeuw said...

Víctor,
¿Estás de acuerdo con el artículo? Ein? ¿te lo has leído entero?

Sobre el Debate del estado de la Nación, yo sólo vi la primera comparecencia de Rajoy, ZP y Rajoy de nuevo. A partir de ahí me cansé de escuchar.

Y de lo que vi, me gustó Rajoy. Me suele gustar la moderación, la mayoría de las veces se descalifica uno si se pone radical, pero esta vez me pareció bien que Rajoy se pusiese así. Todo el tema de EHAK, ETA, negociaciones etc.. es muy serio, y el Pacto Antiterrorista se está yendo a la mierda; es gravísimo. El debate merecía ser un poco duro. Intento entender la postura de ZP, pero me parece que lo que hace lo vamos a pagar todos y vamos a acabar muy mal.

Rajoy por muchos motivos no tenía otra que ponerse duro. Se lo están diciendo votantes del PP, militantes, simpatizantes etc... que ZP se está pasando y que hay que ser duro. De hecho llevan meses pidiendo que saque a la gente a la calle para protestar contra medidas del PSOE. Rajoy no ha hecho ni caso.
Están hablando de que el PP crispa, pero los propios simpatizantes del PP están pidiendo que se haga más oposición, que se sea más duro.

Ha sido duro con ZP cuando le ha dicho que traicciona a los muertos, pero no creo que sobrase por muy fuerte que parezca. Las víctimas están bastante mal con lo que hace ZP.
Esta frase de Raul del Pozo: Lo que teme la derecha no es tanto que traicionen a los muertos, sino que el Gobierno de los "radicales" sea capaz de hacer lo de Tony Blair es lo que Rubalcaba dixit (o pixie o dixie) también. Sobra totalmente, no es verdad.

Me tengo que leer todavía los resumenes de todo el debate para enterarme bien de todo lo que se dijo.


Saludos.

6:10 p. m.  

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